El caso Megaupload promete dar mucho juego y generar intensos debates pero no creemos que sea el esperado fin del mundo que algunos esperan para este año. Lo cierto es que después de un 2011 realmente activo en movilizaciones a través de la Web y diversos movimientos por parte de gobiernos, lobbys, entidades de gestión y, por supuesto Anonymous, el 2012 va a ser realmente interesante.

El cierre de Megaupload es un buen punto de partida. Algunos lo consideran… una declaración de guerra y otros la derrota de los piratas, pero no es ni un extremo ni otro. Megaupload era un objetivo claro en la lucha ‘antipiratería’ y un buen ejemplo de cómo funciona la ‘policía del copyright’. De hecho es tan buen ejemplo que cabe preguntarse para qué necesitan una ley Sinde-Wert o SOPA si igualmente son capaces de cerrar webs con la legislación actual. ¿Tal vez para hacerlo sin necesidad de un juez?

Parece claro que Megaupload, además de su lado legal de alojamiento de archivos particulares, tenía una trama paralela creada para obtener material con derechos de autor y generar un benefico económico con ello. Tanto es así que pagaban por conseguir ese material y alojarlo en su servicio. Esta parte del negocio es claramente reprobable, presuntamente delictiva y resulta completamente lógico deterner a quién se lucra con el trabajo ajeno (pero ojo que no son los únicos).

La vida más o menos ostentosa y excéntrica de uno de sus fundadores no debería ser asociada con el intercambio de contenidos en la Web a no ser que se quiera dar una imagen distorsionada de la realidad (cosa que por otro lado muchos andan buscando). Por cierto, se parece mucho al estilo de vida que llevan algunos directivos de distribuidoras y entidades de gestión ¿no?

Sin embargo, este modelo de negocio de Megaupload ofrecía al público lo que quería y no necesariamente gratis (muchos pagaban). Es decir sí existe un modelo de negocio real -la de ofrecer contenidos a un precio razonable y sin retrasos artificiales– sólo que a los actuales gestores, distribuidores y demás no les interesa porque demuestra que su papel ya no es tan relevante.

El problema no está bien enfocado. La gente piratea porque no está dispuesta a enriquecer a los intermediarios de la cultura ni a seguir las reglas de un modelo de negocio que huye de las nuevas tecnologías como del demonio. Si los contenidos estuviesen con la misma rapidez y calidad que ofrecía Megaupload a nivel mundial, muchísima gente estaría dispuesta a pagar una cantidad lógica de dinero por acceder a ese contenido. Los autores tienen derecho a que se pague su trabajo.

El hecho de que los creadores de Megaupload se hayan enriquecido de una u otra manera y que esta pueda ser delito o no, queda minimizado ante la acción de mayor magnitud como es la vulneración de los derechos fundamentales que se lleva por delante la actuación del FBI y del gobierno de EEUU como ‘dueño’ de Internet. Cabe preguntarse por qué no actuán con igual diligencia con las estafas de las agencias de rating, la especulación de la bolsa, los bancos y los paraísos fiscales. La independencia de Internet de la legislación de cualquier país debería priorizarse para poder garantizar la imparcialidad y la neutralidad de la Red.

Por otro lado la rápida y mediática reacción de Anonymous de tumbar los sitios web del FBI, el departamento de justicia y la Oficina de Copyright de EEUU, Hadopi, Universal Music, RIAA, MPAA, EMI y WMG y alguno más, no pasa de ser una pataleta que demuestra el enfado y el poder de los hackers, pero con poca efectividad final. La última jugada liberando contenido protegido de Sony o la amenaza de un marzo negro van por el mismo camino.

La verdadera respuesta será otra; la aparición de cientos de réplicas de Megaupload que ocuparán su lugar o la evolución a modelos de intercambio diferentes como ocurrió cuando cerraron Napster hace aproximadamente 10 años. Entonces no sirvió de nada y ahora ocurrirá lo mismo.

El tratamiento mediático de la noticia no ha dejado de tener sus más y sus menos. El supuesto efecto Megaupload que ha llenado de golpe las salas de cine y el uso de los videoclubs online no deja de ser una exageración igual que la espantada de los servicios de descarga, si bien es cierto que bastantes han empezado a retirar sus enlaces a contenido protegidos. Aun con todo los servicios P2P siguen existiendo, y por lo tanto sigue siendo posible realizar descargas legales.

 

Fuente: http://blogs.20minutos.es/